Más discos (14)

Fururesex/Lovesounds, de Justin Timberlake. Prince, Michael Jackson y... Justin Timberlake? Ya le gustaría al chaval. Por ahora lo que hay que reconocerle es un raro carisma y la valentía que se muestra (para ser un producto superventas) al elegir colaboradores y la dirección de su música. Tras el buen resultado que dieron los temas menos pastelosos de su anterior Justified, el ex miembro de *NSYNC se sumerge aún con más ganas en esa mezcla de funk digital y hip-pop que practican Timbaland, Neptunes y similares. Sin embargo, los dos temazos del disco ('sexyback' y 'My love', ambos de Timbaland) siguen sin compensar alguna balada espantosa ('Until the end of time') o la falta de fuerza del disco en conjunto. Un escalón más arriba que la entrega anterior pero demasiado dependiente de talentos ajenos.

Idlewild, de Outkast. Habían sido tantas (¿y tan exageradas?) las alabanzas a sus dos últimos discos, que la banda sonora de una película realizada en su mayor gloria parecía la ocasión perfecta para poner a Outkast a caer de un burro. Y es cierto que el disco es disperso, con experimentos que solo se podrían justificar en el apoyo a las imágenes y con más pinta de divertimento que de conjunto elaborado de canciones. Se podría decir que se les ha ido la cabeza (como a Prince, al que vuelvo a mencionar) y que han querido crear el musical pop negro definitivo. Aún así el disco no es malo. Todo el que quiera acercarse a él encontrará melodías, ritmos y fraseados que podrían salir tanto de Stankonia como de Speakerboxxx/The love below.

B'Day, de Beyoncé. Algo parece haber pasado en la vida (artística) de Beyoncé. Puede que sea el cambiar la influencia de su padre, representante de las Destiny's Child, por la de su chico, Jay-Z. Ahora parece más negra, un poquillo más artista que producto de marketing. Ojo, para bien y para mal. Exceptuando un primer single ('Deja Vu') que es exactamente lo mismo que indica su título, el resto del disco parece mucho más trabajado que su debut. Pierde frescura y el poder del hit en favor de un producto más coherente y sin (casi) temas de relleno. Ahora a pedir que mezcle las dos cosas.

Kelis was here, de Kelis. Kelis siempre ha sido un poco 'la otra', la rebelde que nunca ha acabado por superar el toque sexy para todos los públicos de Beyoncé, la solidez de Lauryn Hill ni la profunda negrura de Erykah Badu. Pero sí ha sabido salir viva de todos los cambios de estilo, ritmo y colaboradores. Como decía el título de su debut, sus discos son una especie de caleidoscopio. En este Kelis was here te encuentras un hit seguido de un tema de ambiente brasileño, un medio tiempo con fondo sintetizado y después la (por lo visto) inevitable colaboración del insufrible Will.I.Am (Black eyed peas). En resumen, un poco más de lo mismo, con temas bien realizados y acabados pero que acaba cansando y baja el nivel respecto a trabajos anteriores. Además es larguísimo, algo que debería estar prohibido a discos de R&B.

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Macanudo, por Liniers

Podría hablar de las mil cosas que me vienen a la cabeza cuando leo a Liniers en la web de La Nación. Que si el surrealismo, lo fácil que te identificas con unos personajes que no se parecen a ninguno, la mezcla de humor y tristeza, los comics de Seth, Gary Larson o el Mutts de Patrick McDonnell, incluso el Mafalda de Quino... pero todo eso son solo pequeñas muletas que busco para explicar que vaya cada día a buscarlo.

Ahora Reservoir Books edita (el color justifica el precio) en España el primer volumen de Macanudo. Tipos con sombrero, niñas, gatos y pingüinos que aparecen y desaparecen de una de esas tiras cómicas que se pueden (y deben) releer de vez en cuando para que a uno le vengan mil cosas a la cabeza.

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Como cada septiembre

Selecciones de los mejores libros encuadernados con todo lujo, reproducciones de aviones, muñecas, un robot y hasta la biblia en fascículos. Los coleccionables han vuelto a invadir los quioscos. Eso sí, el mejor fue aquel del año pasado gracias al que podías llenar tu casa de huevos de pascua rusos. Eso si consigues continuar la colección una vez que empieza a bajar la tirada y ya no lo encuentras en ningún lugar. Más de uno se va a quedar con el robot manco o descabezado.

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Madrid en cuatro postales


Volviendo a la historia que conté hace un par de días, he elegido las cuatro postales que definen Madrid. Estas son:
- La representativa es una imagen del Rastro. No solo es un sitio que me encanta (aunque también me agote), sino que es mucho más madrileño que muchas otras cosas infinitamente más tópicas. Además nadie te niega la posibilidad de tomarte una cañita en los bares que lo rodean.
- La más fea (venciendo a toros y toreros) es una composición que mezcla el cielo con la Puerta del Sol y una toma de espaldas del Oso y el Madroño que causa sonrojo.
- Para la romántica lo tuve un poco más difícil, porque me negaba a poner una imagen pastelosa. Así que elegí una foto antigua de las escaleras que llevan de la Plaza Mayor a la Calle Cuchilleros.
- Tampoco las humorísticas ofrecían nada brillante. Al final opté por el chascarrillo de los atascos y el autobús turístico.

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Más discos (13)

The Detroit Experiment. Disco extraño y curioso donde los haya. Publicado originalmente en 2003 y recuperado este año para Europa por Soul Jazz, se trata de un homenaje a la música negra de la ciudad de Detroit organizado por uno de los nombres mayores de la música electrónica, Carl Craig. Entre los componentes del grupo se encuentran hombres clave del jazz moderno (Geri Allen) o músicos de P-Funk que han formado parte de bandas como Parliament. El resultado es irregular pero siempre interesante, como una mezcla de sinfonismo, electrónica ambiental, alguna base hip-hop y algunos momentos de pulsión jazz-electro-hop que pueden recordar a momentos de Four Tet o DJ Spooky.


The Obliterati, de Mission of Burma. No es muy normal encontrarse con el nuevo disco de un grupo formado a principios de los ochenta. La vuelta a los ruedos de Mission of Burma ha sido mucho menos comentada que las de sus coetáneos británicos (Wire, Gang of Four...), pero los de Boston también traen las pilas cargadas de energía. En su segundo disco tras un letargo de casi 20 años se dejan producir/grabar por Bob Weston (Shellac) y mezclan de forma más que notable una inspiración melódica cercana al pop con toda su rabia sonora y política (son especialmente beligerantes con la administración Bush). Bien por el regreso, muy bien por el disco.

Burial, de Burial. Profundo y oscuro como un bosque de noche. Así es el sonido de Burial. Aunque más correcto sería trasladar la metáfora al paisaje urbano, al acero y a lo más oculto del mar. Los referentes son el Grime instrumental (o dubstep), pero también el ambient-dub del sello Basic Channel o la espiritualidad del Detroit Techno. Música fría (no sé si es una virtud o un defecto) y por momentos nerviosa que retrata de forma más pausada y sin tanto adorno las claves del nuevo sonido que surge de Londres. Esta vez de lo más profundo. No apto para bailones.


The only thing I ever wanted, de Psapp. Por último, pero no menos importante, uno de esos grupos empeñados en crear un pequeño mundo poblado por duendes, pop de juguete y ritmos y texturas que tienen algo de banda sonora. Psapp son distintos, pero tampoco se alejan tanto del pop como para no llegar algún día a un público masivo. Esto lo saben, pero de momento no han querido abusar de este potencial. Hasta ahora su mayor contacto con la fama lo supone 'cosy in the rocket', tema que ha sido usado como sintonía de la serie Anatomía de Grey. Bueno, ellos y la gente de Domino (Franz Ferdinand, Arctic Monkeys) que lanzan este su segundo disco. Toda una recomendación.

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¿Quién asesinó al periódico?

Ese es el titular de la portada y uno de los temas principales del último número de The Economist. El texto reincide en lo que ya se empieza a convertir en tópico y lugar común: que si los periódicos gratuitos por aquí, los blogs y los medios online por allá, no se conecta con los jóvenes...

En el texto se recuerda con cierta nostalgia el tiempo en el que los diarios en papel (y los periodistas) eran algo así como los fiscales del poder, aquellos que controlaban lo que hacían los poderosos. Tomando como faro una frase de Arthur Miller, "Un buen periódico, supongo, es como una nación hablando consigo misma", acaba respondiendo a su pregunta con un 'tampoco es para preocuparse tanto' que basan en la capacidad inquisitiva de los blogs y todo lo que tiene de democratización la circulación masiva de información a través de la Red.

Todo va bien, entonces. Al menos hasta que el dinero se meta de por medio.

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Una ciudad en cuatro postales

Me llega por correo una propuesta que extiendo a todo el que lea este post. Se trata de escoger cuatro postales de vuestras respectivas ciudades para participar en un estudio sobre como estas cartas-fotográficas muestran los estereotipos de cada lugar del mundo.

La primera postal debe ser aquella que sea más representativa de vuestra ciudad. Puede ser un lugar o una acción que sea especialmente significativa. El autor del estudio (un estadounidense que hace un máster de diseño en Londres) pide que en el reverso se describa con dos palabras el lugar en el que estéis en ese momento y lo que hacíais una hora antes de comprar la postal.

La segunda está reservada para la más fea y espantosa que encontréis. De nuevo hay que describir algo, en este caso la razón (ética o estética) que os lleva a considerarla espantosa, aunque siempre relacionada con vuestra ciudad.

Una tercera postal sería la más romántica que encontréis. También se pide que describáis al dorso lo que sintáis sobre la postal.

Para finalizar se pide una postal cómica, con la explicación. Puede ser un dibujo, una foto, un doble sentido, algo macabro...

Lo más importante es enviar las dos primeras, aunque se agradece que la gente pueda enviar las cuatro.

El último día para enviarlas (sí, sé que escribo esto un poco tarde) es el 5 de septiembre. Al menos si se quiere recibir (solo lo harán los 50 primeros) de parte del organizador de esto una postal hecha a mano. Debéis indicar de forma clara en el sobre vuestra dirección, o hacerlo via e-mail (jjp@blue22.net) y describir las postales que se han enviado


Los datos para el envío son:

Jamie Joseph Pulley
18A Ewen Henderson Court
40 Goodwood Road
New Cross Gate
LONDON, SE14 6BL
UNITED KINGDOM


Ojo, Jamie pide que se diferencie si se trata de la ciudad en la que os habéis criado o aquella en la que estáis viviendo en estos momentos.

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