Orphans (brawlers, bawlers & bastards), de Tom Waits

Ojalá todos los músicos fueran como Tom Waits y entregaran cajas de 3 CD con temas que nunca encontrarás en sus discos oficiales, aunque no por poco interesantes. Descartes, temas cedidos a bandas sonoras, nuevas grabaciones... da igual el origen de los temas. Pese al acabado un tanto arisco de varios, son como tres nuevos discos temáticos. A saber:
- El sucio, canalla y más cercano al rock 'n' roll: Brawlers
- El romántico que le canta borracho a la luna llena: Bawlers
- El disco del artista, del narrador, del contador de historias Bastards

Cada cual se puede quedar con la parte que quiera o cualquier combinación entre los tres. No hace falta que a nadie le encante todo ni que se escuchen de un tirón. Tom tiene paciencia y sabe que acabarás paseando por delante de todos y cada uno de los espejos deformados que ha dejado en el pasillo.

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Cobramos lo mismo que en 1997

Según un estudio de Addeco, el salario de los españoles ha permanecido prácticamente invariable desde 1997.

Es más, el salario real (sin contar el efecto del ipc) lleva ocho descensos interanuales y la economía española va tan bien como dicen en el ministerio... ¿Dónde está ese dinero?

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Pioneers of electronic music: Richie Hawtin

"Richie Hawtin es Dios". Esta frase podría haberla soltado tanto un pastillero con mono de discoteca como un sesudo gafapasta enamorado del sonido que hace su refrigerador en las noches de luna llena.

Bajando a algo un poco más mesurado y defendible, hace poco David me comentaba que Hawtin merecería gozar de un estatus similar al que pueda tener alguien como Bruce Springsteen. Pero no se le reconoce, en buena parte, porque se dedica a la música electrónica y gana su dinero con un trabajo tan poco apreciado por la cultura oficial como el de DJ.

La calma y la furia

El de Hawtin es uno de los pocos ejemplos de artistas de electrónica que ha conseguido mantenerse durante muchos (unos 15) años en lo más alto de la innovación sonora con sus producciones al tiempo que es reconocido (especialmente los últimos 5-7 años) como uno de los mejores DJ del mundo. Del implacable ritmo del club a la abstracción casi ambient de sus últimos trabajos como Plastikman.

Ambas caras aparecen en el muy interesante documental que acaba de editar en DVD el Magazine Slices, como inicio a su serie sobre los pioneros de la música electrónica.

La transformación (musical y física) del hijo de Brenda y Mick Hawtin: desde la fascinación del joven Richie por las máquinas y los equipos estéreo de su padre hasta las visitas a Detroit, el nacimiento de Plastikman o su búsqueda de la esencia del sonido. El DVD muestra cómo su timidez se rompió al mudarse a Berlín y acompaña las declaraciones del propio artista con las de compañeros de viaje como Derrick May, John Acquaviva, Daniel Miller, el Mítico Mike Banks (Underground Resistance) o Sven Väth.

La Reina (y el primer ministro), de Stephen Frears



Juguete completo, juguete Comansi. No solo es una buena película. No solo es entretenida. No solo cuenta una historia absolutamente fantástica. La Reina tiene además el tremendo mérito de hablar de personajes que todos conocemos y distanciarse lo suficiente para presentar una ficción dramática en la que cada uno de los espectadores llena los silencios y los huecos con su propia opinión.

Por partes
Sin ser un prodigio de inventiva visual ni romper ningún molde con su fusión de imágenes documentales de Ladi Di con la narración de la película, la dirección visual de Stephen Frears es realmente notable. Sabe estar sin estar y caracteriza a los personajes sin abusar demasiado de los subrayados. Además su dirección de actores es ejemplar, representando dos mundos casi opuestos, cada uno imbuido en sus costumbres y códigos: palitos de merluza para los Blair y te con pastas para Isabel de Inglaterra.

El guión es ágil e inteligente. Busca la emoción en la memoria del espectador mientras desarrolla los movimientos de los protagonistas (La Reina, Blair y el binomio formado por el pueblo inglés y la prensa) de forma menos obvia de lo que parece.

Los actores
están más que correctos. Tanto los que parecen calcos de los personajes reales (Helen Mirren) como los que representan a personajes también conocidos (Tony Blair, el príncipe Carlos, Alastair Campbell o el príncipe consorte Philip) resultan creíbles y ajustados a la narración. Solo me falla Cherie Blair, demasiado esquemática y plana. En el caso del primer ministro británico el maquillaje puede estar algo exagerado, pero las frases y su humor son perfectos. Me encanta una escena en la que negocia al teléfono con la Reina mientras lleva una camiseta del Newcastle con el número 10 y su nombre (Blair) en la espalda.

Las historias, la real y la Real, son ambas fantásticas. Dramatizar hechos tan recientes requiere un valor tremendo, e imaginar lo que ocurría detrás de aquellas imágenes televisivas del Palacio de Buckingham es una labor tan apasionante como llena de peligros. Dejando a un lado ciertos errores (la escena del ciervo, demasiado obvia. Sea cierta o no), los responsables de la película cumplen con nota: han elaborado una historia creíble y que funciona narrativamente. Chapó.

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Bailes futuros

Ayer paseaba a media tarde por una calle cercana a la Gran Vía cuando una pareja que rondaba los 70 años se me acerca y dice "Oye, perdona. No conocerás por aquí un sitio... como una discoteca para gente como nosotros, para bailar. Vinimos una vez, pero no recuerdo por dónde se entra".

Le digo a la señora que me suena, que creo haber visto alguna vez un sitio así (un salón de baile, vamos) por allí cerca. Les pido que me acompañen y, nada más girar la esquina, veo una cola de unas cien personas esperando para entrar en el lugar que yo pensaba. "Gracias, gracias. Debe ser aquí". De nada, pásenlo bien.

Me volví para ver otra vez toda aquella gente esperando y pensé: ¿Cuando tenga 60 o 70 años seguiré con ganas de ir a bailar el sábado?. Casi no las tengo ahora. En caso de que la respuesta sea sí, ¿qué bailaré? ¿Breakdance? ¿La lambada? ¿pogo? ¿La Macarena y el Aserejé? ¿jungle? ¿reaggeton?

No me veo, no me veo.

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El Pais.com: I quite like it

Después de que haya pasado una semana laboral y dejando de lado la primera impresión de 'joder, qué tipo de letra más grande", hago unas cuantas valoraciones (en general positivas) del nuevo rediseño de la web de El País.
- Deja de ser .es para ser .com Digo yo que la estrategia está en ser líderes en América Latina. A ver cómo enfocan esto.
- La parte superior de la página está mucho mejor ordenada y es más clara. No se intenta vender todo el contenido de la web en el primer pantallazo. Esto significa mayor importancia de las noticias
- Se apuntan, tímidamente, al tema de los blogs/columnas que tan bien ha explotado El Mundo
- Siendo del mismo grupo que CNN+, lo lógico era apostar por el vídeo. Ya que nos ponemos multimedia, menos fotos pero de alta calidad.
- El diseño ya no está previsto para 800x600, sino para 1024. Un acierto. Se le saca mucho más rendimiento.
- El tamaño de letra me sigue pareciendo excesivo, pero es cierto que hay mucha gente que cuando intenta leer un texto largo en internet aumenta el tamaño de la fuente.
- Dentro de los artículos encontramos ahora muchos de los elementos que se pueden encontrar en los diarios y portales estadounidenses, como valoración con estrellas, archivo de comentarios, noticias más valoradas, enviadas y vistas...
- Añaden (también como en los sitios anglosajones) un listado de noticias de última hora de alguna agencia. En este caso EFE.
- La edición impresa prácticamente desaparece. Por fin. Una versión online de un periódico de papel y un periódico digital no son lo mismo. Rompen también algo con la cabecera.



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Acción de gracias

Hoy, tercer jueves de noviembre, se celebra el EE.UU. el Día de Acción de gracias. Referido en Canadá e Inglaterra al cierre del periodo de cosecha, los estadounidenses lo relacionan con el momento en el que los indios de lo que luego sería Plymouth regalaron comida a los colonos. Corría el año 1621 y los nuevos habitantes de Massachusetts lo estaban pasando mal por falta de alimentos.

Lo que no acabo de entender es la enseñanza que sacan de esta fecha. ¿Coge el pavo y luego sus tierras? ¿No des de comer al que te invade?

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En pocas palabras

Me veo incapaz de hablar de todos estos discos como merecen, así que abrevio.

Alegato meridional, de Grupo de expertos solynieve. Mas relajado y suelto que en Los planetas, J se reúne con unos cuantos amigos, coge la guitarra, exagera un poco el acento andalú y protagoniza un trabajo tan bien hecho y agradable que se podría quedar para siempre en mi playlist.

Tulenkantaja, de Uusitalo. Cambiando de coordenadas. Es la fría finlandia y Vladislav Delay se pone a jugar con el deep house, sin tirar por el baile descarado ni por la experimentación ambiental. Impecable

Paper tigers, de Luomo. Otro disco de Delay. En esta ocasión lo pone más difícil que con Uusitalo y que con su anterior disco (the present lover) como Luomo. Las voces son utilizadas (y cortadas y manipuladas entre silencios) como cualquier otro sonido que saliera de su ordenador. Este me intriga.

Meek Warrior, de Akron/Family. Nadie va a negar que son algo 'raritos', pero emocionan como nadie con una balada country y han aprendido a integrar sus ruidos y sus desarrollos jazzisticos en un fantástico discurso de música norteamericana de raíces. Su mejor disco.

Boddy Riddle, de Clark
. Se parece a Boards of Canada, AFX, Four Tet y Prefuse 73. Todo a la vez. Lo hace muy bien, pero está escribiendo con palabras de otros. Por momentos se escapa de los modelos, o los funde, abriendo la puerta a un estilo propio. Al final no sabes muy bien si disfrutarlo por lo buenos que son sus temas o criticarlo por copión.

Jarvis, de Jarvis Cocker. Sigue la línea iniciada en el This is hardcore de Pulp en cuanto a cierta gravedad, pero es mucho más rock y directo. Le hacía falta tomar aire y el resultado es notable. Ahora tiene que ir a por el sobresaliente.

Blood Mountain, de Mastodon. Death metal. Pero del bueno, ¿eh? Qué quiere decir esto? Pues que se escapa de los tópicos del género y, por momentos, busca más el ritmo (en la batería, en el riff) que apabullar. Aunque esto último también lo saben hacer.

The crane wife, de The Decemberists. Estamos ante un grupo fuera de lo normal. Uno de los pocos capaces de hacer bien absolutamente todo lo que publican. Aquí vuelven a acertar al mezclar pop y el toque narrativo que destaca a todo buen cantautor. Impecables.

The audience's listening, de Cut Chemist
. El mago de los platos. Amigo de DJ Shadow y hombre detrás de los raperos Jurassic 5, Chemist entrega un curioso y disfrutable trabajo con algunas colaboraciones vocales, bases funk y mucho sentido del humor, en el que todo parece una sesión más que una colección de temas.

Fading trails, de Magnolia Electric Co. Vuelve Jason Molina. Un poco menos rockero y tan triste como de costumbre. Para los amantes del country-rock menos azucarado de los años 70. Yo levanto la mano el primero.

Post War, de M.Ward. Matt Ward hace dos tipos de discos: buenos y buenísimos. Su último trabajo entra en la segunda categoría, aún sin alcanzar aquella maravilla que era The transfiguration of Vincent. Un sonido que parece venir del pasado y una voz que suena creíble sin necesidad de imponerte nada. Delicioso.

So this is goodbye, de Junior Boys
. Parece que nada hubiera cambiado desde su debut, pero no es así. La marcha de Johnny Dark se traduce en una cierta simplificación de las bases y los fondos y unas líneas vocales que tienden más a los años 80 y escapan de su contención para mostrarse más sensuales. Bien porque dejan de ser tan fríos y mal porque pierden parte de su misterio.