English Breakfast (VII)

Los sabores. Una de las cosas que más me chocó de la primera vez que estuve en Inglaterra (hace 12 años un mes en Eastbourne, cerca de Brighton) fue lo distintos que eran los supermercados. Cerca de la casa de mi host family había un Sainsbury gigantesco en el que sonaba una extraña música de fondo (como un disco de Brian Eno), la fruta la pesaban en libras (qué lío!), no tenían las mismas marcas que en España y, básicamente, estaba 'aquel pasillo'.

'Aquel pasillo' me resultaba completamente alienígena. Además de unos cuantos botes de salsa de tomate, mahonesa y mostaza estaba completamente ocupado por todas las variables posibles (e imposibles) de patatas fritas de distintos sabores. Al menos veinte, y creo que no exagero. Aún hace poco me he sorprendido comprando allí (aquello había que probarlo) unas patatas sabor a nata y menta... que además picaban un poco. Entre eso y las aguas de sabores (han llegado también a España) me tienen loco. Es la desnaturalización absoluta del sabor. Seguro que Adrià les ha copiado el concepto.

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Shitedoku y Supersudoku

Dos nuevas formas de ejercitar la cabecita que han aparecido en las tiendas de libros británicas tras el éxito del sudoku: shitedoku y supersudoku.

La primera de ellas es como un sudoku para gente a la que no le gustan los números. En lugar de tener que colocar los números del 1 al 9 en cada una de las 9 cuadrículas de 3x3, línea y columna de forma que no se repitan, lo que hay que hacer en el shitedoku es, precisamente, encontrar todas las letras de la palabra 'shitedoku' en cada línea, así como en cada cuadrícula de 9. Por lo visto el shitedoku es un antiguo juego de palabras húngaro del que dicen los ingleses que derivó el shudoku japonés.

En cuanto al supersudoku, se trata de 16 cuadrículas de 4x4 celdas en las que no solo hay que colocar los números del 1 al 9, sino también las letras de la 'a' a la 'f'. Lo mismo para líneas y columnas (todas las letras y todos los números sin repetirse).

Conste que yo no doy para tanto y sigo con el sudoku tradicional. Y en el ordenador, que en papel me lío.

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Un chico, dos perros y cinco cuadros

Ayer por la mañana me disponía a ver una exposición de Simon Henwood, un pintor británico (también animador y creador de muñecos) que realiza unos curiosos retratos: a medias entre el hiperrealismo y la fotografía, pero llenos de colores, trazos y reflejos totalmente pictoricos. Por explicarlo de una forma más gráfica, sus pinturas son como fotos tratadas con un filtro extraño del photoshop para que parezcan cuadros. Su trabajo más conocido a nivel público es el conjunto de ilustraciones del disco (Ruby Blue) y la serie de EPs (Sequins) que ha publicado este año Róisin Murphy.

Henwood comenzó como escritor e ilustrador de cuentos infantiles y asegura que de ahí le viene su necesidad de contar una historia en cada cuadro. Acaba de publicar ahora Kido, un libro que resume su trabajo como pintor. Además ha realizado colaboraciones con varias revistas y dirigido vídeos como el 'You Were Right' de Badly Drawn Boy, el 'Heard somebody say' de Devendra Banhart (al que también ha retratado) o el 'if we're in love' de Róisin Murphy.

Espacio sin título y muestra compacta
Y volviendo a la historieta que cuento hoy, la exposición española de Henwood está abierta al público en la galería madrileña Espacio sin título (calle Alameda, 6). Los cuadros son tremendos, poderosos y tremendamente expresivos... pero es que ¡solo son cinco! Llegas allí y está un chico que amablemente te abre la puerta, se lleva a otra sala a los dos perros que le acompañan y te deja disfrutar de los cuadros (cinco, repito). Tras comprobar que las escaleras que bajan solo se dirigen a los servicios y que no hay ningún pasadizo secreto, me dedico un buen rato a disfrutar del correctamente titulado Compact Kido show. Como decía antes, los cuadros son tremendamente expresivos. Cuatro de ellos (uno de Róisin y tres de jóvenes desconocidos) a gran escala, en los que destacan especialmente ojos pelo y boca, así como su ropa y complementos. Los fondos son siempre blancos (como en las fotos de los viejos retratistas de pueblo) y el rosado de la piel se difumina y es un simple tránsito entre los puntos de atención.

Pero el que más me gustó fue el cuadro con menos elementos y el único de una escala claramente menor que la real: el de una chica rubia de rostro misterioso que, no sé por qué, me recordó al escritor Raymond Carver. Un cuadro breve e intenso, con una historia sin contar.

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Ahora los anuncios... en post-it


Originally uploaded by seretuaccidente.
Esta noche, volviendo para casa (del trabajo, eh?) me he encontrado con buena parte de mi calle empapelada con tres diferentes post-it supuestamente dejados por otras tantas personas (Ana, Sagrario y Tiago) contándole a alguien que han conseguido o le han dejado en el buzón entradas para una obra de teatro.

Todo, obviamente, con la apariencia absoluta de una nota de aviso auténtica.

No me suena haber escuchado nunca nada sobre una campaña de publicidad como esta. Y parece muy acertada. Por una parte se presenta en un formato no sospechoso de ser publicidad (todo el mundo se para a cotillear qué ha dejado alguien en una nota) y por otro se ha hecho la campaña en una zona muy localizada en la que es probable que viva gente que iría a verla o conozca a alguien que ya la haya visto.

Nuevos formatos de publicidad, target concretísimo, campaña localmente restringida... interesante.

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(por cierto, la obra de teatro está bastante bien)

Richard Hawley: Cole's Corner

Si es que no hace ninguna falta. Ni chillar ni ir con prisas. Richard Hawley, al que alguno recordará por haber sido guitarrista de Pulp durante las giras de This is hardcore y We love life, ha ido entregando desde 2001 una serie de discos tranquilos, bonitos y en los que demostraba un gusto exquisito. Lo suyo es el pop a lo Morrisey pero con menos épica y unos arreglos perezosos. Le gusta recordar también los sonidos norteamericanos (Cash) y aportar un toque de nostalgia que nunca huele a naftalina.

En el de este año, Cole's corner (Mute Records) parece que o bien la inspiración se ha quedado un ratillo más en su cama antes de salir a dar su ronda de los sábados, o se nos han abierto los ojos y hemos entendido el porqué de los piropos que le dedicaba Scott Walker.

No es simplemente un disco muy bien hecho, en el que no sobre ninguna canción y las melodías jamás molesten. No es solo que cante mejor que nunca. Que va. Es que se juntan el hechizo de la luna con un buen cocktail, el escalofrío de la brisa a media noche y la promesa de una cama caliente. El que quiera darse cuenta puede subirse y no marchar nunca. El que tenga prisa o necesite gritar tiene otros muchos sitios a los que acudir. Yo me quedaré un rato con Richard. Creo que tiene algo que contarme.

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La libreta de las paridas

Hacía falta recuperarla. Últimamente estoy tan líquido que se me escapan las ideas por la boca y los besos por las manos. Igual anotando los retazos llego a enterarme de lo que hago. Y si no me gusta, se le echa la culpa al boli, que para eso cobra el señor Pilot.

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Astérix: El cielo se nos cae encima

Da bastante pena leerse el nuevo álbum de las aventuas de Astérix y Obélix. Porque el guión (dos potencias extraterrestres tratan de hacerse con el control de la pócima mágica de los galos) es muuuuyyyyy flojo, porque intenta hacer un guiño descarado y triste a los mercados estadounidense (supuesto homenaje a Walt Disney) y japonés (el malo se llama namga, en vez de manga) y porque hasta el dibujo es poco afortunado. Parece que se hubiera elegido por ordenador ciertas caras y situaciones de los anteriores cómics y se hubieran pegado en un nuevo fondo.

Ya para empezar, queda muy extraño esa portada en la que pone en grande R.Goscinny y A. Uderzo. En pequeñín aclara luego 'guión y dibujos de Albert Uderzo'. Me parece muy bien que Uderzo (el dibujante de la serie) continuara con el personaje una vez que falleció su compañero (en 1977), pero creo que no le hace ninguna falta seguir tirando de nostalgia y hacer creer que estamos ante uno de los libros clásicos que hizo la pareja.

En fin, que ni con toda la nostalgia del mundo se pueden decir muchas cosas buenas de este El cielo se nos cae encima (editado por Salvat en España). Para el que no conozca los cómics clásicos de la colección, destacar Astérix el galo, La hoz de oro, Astérix legionario o Los laureles del César.

Falun Gong en cine


Esta es la postal que estaban repartiendo este fin de semana los de la secta Falun Gong por Madrid. Hace publicidad de una peli que han hecho para denunciar la persecución que sufren por parte del gobieno chino, que les acusa de ser una 'culto diabólico' y de propagar la superstición por el país. Como a la Cienciología le va bien con las películas-panfleto, pues ellos también.

El asunto es que se te acerca un muchacho oriental y te pregunta '¿Quieres ver gratis una película?' y te da la postal. Te la puedes bajar y de Internet, y supongo que la pondrán en alguna sede que tenga la organización.

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English Breakfast (VI)


La comunicación. Dos puntos un tanto peculiares a este respecto:
A) Tienen la costumbre de pedir perdón antes de empujarte, pisarte o arrollarte.
B) Les encanta dejarse mensajitos públicos en la calle. Además de este (en el que el inquilino indica a la persona que le trae el correo que se equivoca continuamente de casa), vi otro muy gracioso en la puerta de un edificio el que una vecina (ponía su piso y todo) le explicaba a la persona que dejaba cajas de cartón delante de su portal que los encargados de recoger la basura en la ciudad solo se hacían cargo de las cajas que estaban desmontadas. Sigo dudando si se trata de una muestra de gran educación y civismo o si es que no se hablan entre ellos y tienen que escribirse las cosas.

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English Breakfast (V)

Sentidos y sinsentidos. ¿Por qué conducen por la izquierda si en las escaleras mecánicas se echan a la derecha como todo el mundo?

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