Repartiendo responsabilidades

Cartel colocado durante esta semana en autobuses y estaciones de Metro de Madrid, dirigido a los hombres que solicitan los servicios de prostitutas y que responsabiliza directamente a estos de la existencia de redes de explotación de mujeres.

Obviamente si un hombre no paga a una mujer (o a otro hombre; o una mujer a un hombre, o a otra mujer) a cambio de sexo, no habrá prostitución. Pero de ahí a decir que los 'usuarios' son los principales responsables de que existan y pervivian las redes mafiosas que se dedican a la explotación sexual hay un buen trecho.

Y si quien lo dice es el Ayuntamiento de Madrid, además de un trecho lo que hay es bastante hipocresía. Es a los poderes públicos a quien corresponde, además de educar, luchar contra todo tipo de mafias y controlar los comportamientos tipificados como delictivo.

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Devendra Banhart en la sala Arena (Madrid 11/11/2005)

No sé a quién demonios me recordaba Devendra. Llevaba puesta una chaqueta cruzada bien ajustada (dijo un par de veces que hacía frío allí), debajo una camisa blanca con los puños abrochados con gemelos (tardó poco en quitarlos), un gran anillo y una enorme pulsera. El pelo tan largo (incluso para un hippy) que difícilmente se le veia la cara (maquilladísima) y los bigotes apuntando hacia arriba, un auténtico moustache. 'No me gustan los chicos que se maquillan más que yo', dijo una amiga, 'ni los que van más enjoyados'.

Antes había tocado El Inquilino Comunista, tras 10 años 'desaparecidos'. Las canciones seguían estando bien (excepto dos nuevas, que eran bastante flojas) y el sonido en directo era más que aceptable. Pero estos chicos tienen un problema muy grave de actitud y carisma sobre el escenario. Parecen (¿lo son?) una pandilla de padres de familia que rememoran en un garaje los tiempos en los que tenían una banda durante sus años universitarios. No estuvo mal, pese a todo.

El cuervo negro y el flower power
Devendra Banhart entró con su banda (en la que destacaba, a la guitarra acústica, Andy Cabic, de los maravillosos Vetiver) como incómodo. Empezó introduciendo los temas en inglés (cuando sabe castellano) y le sobraba un punto de altivez y otro de pasotismo. Arrancó con temas del último disco (Cripple Crow), a los que trataba de dar un aire distinto a base de convertir a su banda en un combo que podía sonar como los últimos Beatles, a banda country-rock setentera o directamente a lo que eran: una panda de hippies. Algo no funcionaba, y seguía sin darme cuenta de a quién me recordaba Devendra.

Cuando empezaron a (re)interpretar los temas de Rejoicing in the hands, Niño Rojo o incluso Vetiver el armazón se fue soltando, Devendra ejerció de intérprete magnético y el públicó sintió que les estaban cantando a ellos. De repente repitieron el numerito del concierto de Barcelona el día anterior, subiendo al escenario a un muchacho y dejándole solo para que cantara una canción con la acústica.

De vuelta al escenario la cosa se puso aún mejor: toda la contención de Andy Cabic no llegaba para compensar a un Devendra desatado y comunicativo. Brillaron aquí los dos extremos de la noche: el emocionante intimismo de un cantante a solas con su guitarra (¿sobraba la banda?) y el colofón festivo de 'I feel just like a child', con la banda haciendo música 'de mover el culo'.

Noche de versiones
Si El Inquilino Comunista se atrevieron a soltar unos versos del 'tonight's the night' de Neil Young, Devendra también colo el 'Don't look back in anger' de Oasis en una de las suyas. Además hicieron una curiosa versión de su 'hermana' Joanna Newsom y se atrevieron al final con Caetano Veloso, interpretando una especie de medley que remató con aquella hermosa frase que escribió el brasileño en su 'exilio' en Londres y que decía 'nueve de cada diez estrellas de cine me hacen llorar'.

Anda, va a ser eso. Devendra me recordó ayer a un actor, no a un cantante.

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Al final, presidenta

Ellen Johnson-Sirleaf. No deja de resultar simbólico que el que fue el primer país en independizarse en todo el continente africano sea también el primero en tener a una mujer como jefe de Estado.

En la segunda vuelta de las elecciones, La Dama ha derrotado (según datos aún no oficiales) con claridad al ex futbolista George Weah, que partía como gran favorito y que ha insinuado (en contra de la opinión de los observadores internacionales) que podría haberse producido algún tipo de fraude en las votaciones.

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El Inquilino Comunista

Allá por el principio de la década de los 90 aparecieron en España unos cuantos grupos que gustaban de sonar muy ruidosos, cantar en inglés y a los que no les preocupaba excesivamente tener un sonido muy profesional o sonar en las radiofórmulas. Fue la explosión indie de la que nacieron grupos como Los Planetas, Penélope Trip y El Inquilino Comunista (el nombre corresponde a una de las muchas formas de llamar a la menstruación).

Estos últimos venían de Getxo (cerca de Bilbao) y recordaban a los Pixies, Pavement y Dinosaur Jr. Probablemente fueran el único grupo que competía (e incluso superaba) a Los Planetas como favoritos de la muchachada independiente. Publicaron tres discos entre el 93 y el 96 (el mejor era el primero, que se llamaba como el grupo y editó Radiation Records) para luego desaparecer.

Ahora vuelven a juntarse para editar un cuádruple CD recopilatorio y promocionarlo con una serie de conciertos. ¿Vida después del coma?

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Writely

De entre la avalancha de utilidades web creadas con Ajax que han aparecido en los últimos meses (ya listaré unas cuantas otro día) hay una que no solo es bonita y rápida, sino que realmente utilizo casi a diario.

Se trata de Writely, un servicio que permite crear un documento en word, txt o html online (o subir uno que tengas en tu ordenador) y hacer con él una serie de cosas que incluye modificarlo (online), compartirlo con otra persona (que puede tener capacidad para modificarlo o no), crear un rss del documento o publicarlo en mi blog.

Me resulta tremendamente cómodo poder tener online un documento word (así evito cualquier tipo de problema de cambio de formato con mi mac) que puedo modificar tanto en el trabajo como en casa, apuntar todas las webs curiosas que veo, compartir con alguien para trabajar conjuntamente a distancia...

Además su uso es muy sencillo y cómodo. Hay otros servicios similares que permiten hacer cinco millones más de cosas. Pero este, las que hace, las hace mejor. Venga, a probarlo.

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Animal Collective: Feels

Un poquillo de locura siempre viene bien. En un disco puede marcar la diferencia entre lo bien hecho y lo que te apetece volver y volver a escuchar. La duda puede entrar cuando, como es el caso de Animal Collective, la locura lo impregna todo, y su música se transforma en una mezcla de folk, pop a lo beach boys más extraños, noise rock y estructuras semi-progresivas que recuerdan a los primeros Pink Floyd.

No sé si el mejor (todos son dignos de escucha), pero es cierto que Feels (FatCat-PIAS, 2005) es el trabajo más completo y representativo de Animal Collective, grupo mutante (entre dos y cuatro miembros, según el disco) afincado en Nueva York.

La referencia más reciente para definir el sonido de Feels serían los dos primeros discos de Mercury Rev (Yerself is steam y Boces), aunque nada prepara para el honky tonk hippie de 'turn into something', la cabalgada brianwilsoniana de 'the purple bottle', el arpa (¿o es una guitarra tocada como un arpa?) a contratiempo de 'bees' y la sonrisa que ilumina el rostro de cualquiera que escuche la celestial 'grass'.

Absolutamente únicos en el panorama musical actual, Animal Collective ganan enteros con cada disco y se convierten (cada vez más) en uno de esos grupos inexcusables de los que hablar cuando se resuma la música de esta primera década del Siglo XXI.

Si en los surcos de aquel disco de Bob Dylan había sangre, en los de este hay magia.

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Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez

Comienzo aclarando que no suelo hacer mucho caso a los libros o películas que tratan el tema de la Guerra Civil española. Las más de las veces siento que se limitan a dar lecciones de historia sin historia, como un mal libro de texto que se empeña en demostrar lo crueles que fueron unos y lo mucho que sufrieron otros. O incluso al revés. Me da igual.

Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez, ganó el Premio Nacional de la Crícita y el Nacional de Narrativa en 2004. Ambos a título póstumo, ya que su autor falleció al poco de publicar esta recopilación de relatos ligeramente enlazados. Se trata, además, de su único libro publicado de de narrativa.

Los cuatro textos repasan otras tantas 'derrotas' (como las titula Méndez) que sitúa en 1939, 1940, 1941 y 1942.

Primera derrota: 1939
Narra la historia del capitán Alegría, oficial de Intendencia en el ejército sublevado que decide, un día antes de la toma de Madrid, rendirse ante un enemigo que lleva días vencido. Lo hace porque no acepta un asedio que no pretende derrotar, sino eliminar al otro.

Segunda derrota: 1940
La recuperación de una carta manuscrita permite descubrir la historia de un joven poeta e idealista que trata de escapar de los Nacionales en la frontera entre Asturias y León para huir hacia Francia. Con él se encontraban su pareja, la hija de un escritor masón, y la criatura que ésta llevaba en el vientre. El parto acaba con la vida de la madre y el invierno y el miedo a bajar al pueblo sentencian a padre e hijo.

Tercera derrota: 1941
O de como Juan Serna, profesor de violonchelo, salvó durante meses su vida en la prisión gracias a haber coincidido durante el conflicto con el hijo de un coronel, un raterillo fusilado por los Republicanos. Pese al pequeño milagro que crea a diario, salvando la vida como Sherezade, la muerte se vaa adueñando del aire de la cárcel en la que los apresados esperan ser juzgados y condenados a muerte. Hay un momento en el que dos de los 'jefecillos' entre los condenados parecen recriminarle su suerte. Serna se pregunta entonces ¿Cómo unos muertos podían pedir explicaciones a otros muertos?.

Cuarta derrota: 1942
Tres narradores enlazados nos cuentan la historia de un niño, Lorenzo, que debe mentir diciendo que su padre está muerto para que nadie descubra que vive en el armario de su casa. Este únicamente sale del mismo cuando el sol o la oscuridad impiden que sea visto desde el exterior. Una trama que completan una esposa que trata de organizar la mentira de una muerte para defender aquella vida y un cura consecutivamente obsesionado por los silencios del niño y las piernas de la madre.

No hay rastro de complacencias ni moralinas en las páginas de este gran libro, exquisitamente excrito y que busca (y logra) contar dolores, dudas y angustias como algo vivo y cierto, opuesto a la sinrazón de los que solo obedecen y ejecutan. Todos son derrotados: estos por unas causas y aquellos por otras distintas.

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PD: como resulta obvio, me he emocionado leyendo los cuatro relatos. He visualizado y sentido las peripecias de sus protagonistas. Pero lo he hecho como si se tratara de una película situada en lugar común (la Guerra Civil) que me he ido forjando poco a poco en mi cabeza.

Pese a que mencionen lugares que conozco y hable de lo que ocurrió no hace tanto, en ningún momento he sentido que esas historias le hayan sucedido a mis abuelos o sus padres; nunca he identificado a sus protagonistas con aquel familiar que desapareció en la guerra, o un amigo de mi bisabuelo que hubieran metido en prisión.

Y no estoy seguro de si eso es bueno o malo.

¿Beso? Cero

¿Por qué cuando trato de escribir 'beso' en mi móvil el texto predictivo interpreta que quiero decir 'cero'? ¿Es fallo del programa o del usuario?

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Google Lunch

No, no es un nuevo servicio que hayan lanzado en Beta Sergey Brin y Larry Page, sino una nueva costumbre que se ha extendido últimamente en Silicon Valley (California).

Consiste en colarse en la sede de Google y acceder a su comedor para hincharse el estómago gratis total. Resulta que a esta zona se accede directamente desde el aparcamiento, con lo cual no hace falta pasar todos los filtros de seguridad necesarios para llegar a las oficinas.

Y no solo es que el menú sea gratis (en principio para los empleados), sino que está confeccionado por Charlie Ayers, que fuera chef de las giras de los Grateful Dead. En su momento, el bueno de Charlie hasta publicó un blog (en blogger, claro) en el que contaba cuáles eran los platos del día. En realidad tiene el blog un tanto abandonado, ya que (como él mismo explica) esto no le interesa a nadie fuera de google. Además va a abandonar la compañía. Eso sí, los menús del blog tienen copyright, así que cuidadito con hacerlos en casa y que os vea alguien.

La (otra) broma de este asunto es que parece ser que los más hambrientos en el comedor de Google son los trabajadores de Yahoo! que se cuelan por el aparcamiento. Por un lado fastidian al rival (piratillas, piratillas) y por otro se ahorran un dinero, que en su comedor sí hay que pagar. Incluso hay algunos que, después de atiborrarse con salmón fresco, patatas rellenas, ensalada y tarta de chocolate, se llevan el tupper bien llenito 'para la cena'.

Via Googledirson (a su vez vía TechCrunch)

+ INFO:
- Post en el que se comparan (al final de la página) las cafeterías de Google y Yahoo!. Gana la primera (dejando a un lado el asunto de la gratuidad).

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