Tú puedes ser una estrella del pop en Uzbekistán

Imagina que eres un chicano de 63 años que vive en Estados Unidos. A principios de los 70 habías grabado dos discos inencontrables y ahora trabajas como capataz de obra en unos edificios de Detroit. Ahora imagina que un día recibes una llamada de teléfono y que la voz (afectada por la emoción) del otro lado del hilo te dice que eres una súper estrella en Sudáfrica (¡pero si nunca has estado allí!) y que se supone que te suicidaste pegándote un tiro en mitad de un concierto.

Pues todo esto le ocurrió a Sixto Rodríguez. Por un azar del todo inexplicable, su primer disco, Cold fact, había llegado a Sudáfrica a principios de los 70, donde se convirtió en un éxito. Pero la discográfica americana de su segundo trabajo quebró, y nadie (en Sudáfrica) logró contactar con él. Llegaron los rumores sobre su internamiento en un psiquiátrico, su muerte por sobredosis o su cadena perpétua tras haber asesinado a su amante.

Ahora, a los 62 años, ha vuelto a coger la guitarra (su música ha sido definida como una mezcla del funk/soul concienciado de Gil Scott Heron, Love y Bob Dylan) y estira sus 15 minutos de fama con giras, alabanzas de David Holmes, documentales y discos de platino.

+INFO:
- Rodriguez, an unknown legend
- Who is Sixto Rodríguez?

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Raymond Carver y Adrian Tomine

Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Caso 1) Una muchacha que acaba de escribir una carta en la que rompe con su novio duda justo después de echarla al correo. Su cara expresa el pánico al error irreparable. En la siguiente viñeta sonríe al encontrar la solución: enciende una cerilla y la tira en el interior del buzón.

Caso 2) Un hombre sin manos llamó a mi puerta para venderme una fotografía de mi casa.

Lo primero es la descripción de unas viñetas de una de las primeras historietas de Adrian Tomine. La cita que viene después es la primera frase de uno de los cuentos ('Visor') de Raymond Carver.

Resulta un lugar común hablar de Carver cuando se analiza al dibujante y guionista canadiense Adrian Tomine. Ambos manejan de forma excepcional los recursos narrativos propios de sus géneros, los dos eligieron el formato corto (entre una y veintipocas páginas) y los finales abiertos, la ausencia de happy endings y una cierta sensación de desasosiego.

Pero mientras Carver retrata a lo más profundo (temática y geográficamente) de los EE.UU. Tomine busca sus historias en la ciudad, dejando de lado a los personajes de mediana edad y retratando a jóvenes que se dan de bruces contra un mundo que no hace excesivos esfuerzos para hacerles las cosas más fáciles.

Obra publicada en España
Tomine ha editado en la independiente Drawn&Quarterly su obra, bajo el nombre genérico de Optic Nerve. En España parte de sus historias fueron recopiladas por La Factoría de Ideas bajo el título de Sonámbulo y otras historias. Este año La Cúpula ha editado más historias con el nombre de Rubia de verano. Ambas recopilaciones son magníficas (algo mejor la primera).

De Carver está publicada (salvo error) su obra completa de narrativa en Anagrama y la de poesía en Visor. Lo más relevante son los tres primeros libros de relatos: De qué hablamos cuando hablamos de amor, Catedral y ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?

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PD: Aunque solo fuera por eso, mi agradecimiento eterno a La Rusa por prestarme De qué hablamos cuando hablamos de amor

Caballero Bonald, productor

El último Premio Nacional de las Letras, el jerezano José Manuel Caballero Bonald, no solo es un brillante poeta, narrador y biógrafo de sí mismo. Además ha sido productor de alguno de los discos más especiales publicados en España entre los años 70 y 80.

En 1970 se encarga de la edición y el estudio preliminar del Archivo del cante flamenco, álbum de seis vinilos que obtiene el Premio Nacional del Disco. Además, convenció a Luis Eduardo Aute de que grabara Rito (1974) y ha producido al menos dos obras maestras: Heliotropo, de Vainica Doble (1973), y Encuentros, de la Orquesta Andalusí de Tánger y Juan Peña Lebrijano (1985).

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Tallas para todos en Argentina

En Argentina (segundo país del mundo con mayor tasa de bulimia y anorexia) el Gobierno de la provincia de Buenos Aires ha decidido obligar por ley a las industrias textiles a ofrecer todas las tallas antropométricas posibles para un adolescente. Además, se suprimen las definiciones S, M, L y XL, para incluir el número del talle. La norma, denominada Ley de Talles, entrará en vigor el 21 de diciembre (coincididendo con la entrada del verano austral).

¿Cómo se ha llegado a una situación así? Entiendo que mucha gente joven (especialmente chicas) se siente obligada a estar delgada y que las marcas de ropa de moda llevan años modificando sus tallajes y dejando fuera de su target a muchas adolescentes. Pero que la solución sea legal/punitiva es algo muy serio. Además de que se negocie con los principales fabricantes, es de suponer que el ámbito en el que actuar contra este problema (como en casi todos) es la educación, amén de un cierto control de los estereotipos sociales que establece la televisión.

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Las intermitencias de la muerte, de José Saramago

Al día siguiente no murió nadie. La última novela de José Saramago se inicia como lo haría un cuento: con una frase magnética que marca la narración y condensa su argumento.

A partir de ahí, el escritor portugués lanza su ingenio a cabalgar desbocado, armando una inteligente fantasía que parte de la premisa de un país, solo uno, en el que la muerte decide no volver a llevarse la vida de ninguno de sus habitantes. Esto obliga a reaccionar a las fuerzas vivas de tal estado: Gobierno, Iglesia, los distintos gremios de empresarios afectados (hospitales, geriátricos, enterradores...) y hasta a la mafia. Los ciudadanos tratan de mil y una maneras de desembarazarse de los familiares que se encuentran en estado terminal pero no mueren, nacen conflictos con países limítrofes y el primer ministro se verá obligado a tomar decisiones drásticas.

Pero lo general, esa parafernalia de acciones y reacciones a gran nivel, no interesa tanto a Saramago. En lo particular encuentra la novela su corazón, con la presencia de una muerte (siempre en minúsculas) que se descubre cometiendo un error. Una muerte que deberá enfrentarse con un problema más insignificante que un mosquito, pero, al fin y al cabo, el único que ha cometido durante siglos y siglos.

Y bajando de lo general a lo particular, la historia gana en cercanía, el artificio es sustituído por el sentimiento y todo termina como empezó.

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Match Point, de Woody Allen

¿Gana el que consigue una meta de forma positiva? ¿O gana el que se libra de un castigo? ¿Es el mismo tipo de victoria?

La última película escrita y dirigida por Woody Allen, Match Point, recupera muchas de las claves de su propia Delitos y Faltas, le resta alguno de los tópicos de su cine (Personajes de mediana edad, Manhattan, un evidente humor cómplice, su presencia) y opta por hacer una película que sea suya pero sin parecerlo.

La acción gira en torno a un joven ex-jugador de tenis, Chris Wilton, que entra en contacto con una familia de la alta sociedad londinense. Chris enamora a la hija de un importante hombre de negocios y pierde el sentido, a su vez, por Nora, la magnética novia americana de su futuro cuñado. Las pequeñas renuncias que va realizando para medrar socialmente y las grandes mentiras con las que construye su relación con Nora van modificando la personalidad (¿la tiene o se deja llevar?) del protagonista.

Animales de escena
Uno de los puntos que sostiene la película es el magnetismo animal de sus dos actores principales: Jonathan Rhys-Meyers y Scarlett Johansson (mejor él que ella) llenan la pantalla y dan interés a unos personajes que son marionetas del destino.

Allen lleva la acción hasta un crescendo final en que el las sombras dominan a la luz y la sensación de agobio al propio argumento. Un notable inicio para otra etapa de su filmografía, después de una serie de 5 o 6 tristes fotocopias de su libro de estilo. Quizás el germen de este nuevo cine se encuentre en la mitad 'dramática' de Melinda y Melinda: una línea más serena en cuanto a puesta en escena y con unos argumentos en los que las dudas y las zonas grises ganan la partida a la inercia del chiste y el ingenio del pasado.

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24 hour drinking people

Pues ahora resulta que en el Reino Unido se va a poder vender/comprar alcohol las 24 horas del día. Hasta hoy existía una especie de 'toque de queda' a las 23:00 horas (22:30h los domingos) para los pubs. Pero como ahora ya no tiene mucho sentido eso de evitar que los obreros no se emborrachen al salir de la fábrica (te puedes drogar cuando quieras), han decidido permitir que estos establecimientos, y cualquier otro que sirva alcohol abran incluso las 24 horas del día.

Por lo visto, miles de pubs y bares han pedido licencias, aunque la gran mayoría ha pedido una hora o dos adicionales en las que servir alcohol, en lugar de "las 24 horas". Sólo 700 establecimientos, incluidos 240 pubs, han pedido licencias para servir alcohol las 24 horas del día.

Diario de un bebedor a jornada completa
En el periódico The Guardian han decidido celebrarlo enviando a uno de sus reporteros (Patrick Barkham) a un pub de Dorset para que cuente en un blog como ve la cosa. El diario ha comenzado con una descripción de la situación que ha hecho acompañado de su segunda pinta. Mal empezamos... O bien, según se mire.

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De entre todos los niños, eligió ser el perro

Un círculo, dos puntos y una raya horizontal. Así de simple es el trazo de la cara de Charlie Brown, el protagonista principal de la tira cómica Peanuts, de Schulz. Es fácil identificarse con sus historias. Sin embargo, la mayoría de la gente no se acuerda tanto de él como de su perro Snoopy.

Como bien había explicado el dibujante y teórico de los cómics Scott McCloud en el divertidísimo e imprescindible Entender el cómic, el arte invisible (recientemente reeditado por Astiberri), cuanto más simple e icónico es el dibujo de un personaje, más fácilmente nos identificamos con él y lo que dice. Cuantos menos rasgos distintivos tenga, más fácilmente podrás sentir que ese eres tú, que esos textos salen de ti.

Durante su juventud, el escritor norteamericano Jonathan Franzen (Las correcciones) se enamoró locamente de las tiras cómicas de Snoopy. La galería de personajes, la franqueza con la que expresaban miedos y mostraban sus fallos de una forma no trágica y su sencillez se convirtieron para él en una especie de libro de texto en el que aprender de la vida. También en un mundo paralelo en el que verse reflejado.

Ahora Franzen recupera sus recuerdos de lector de Snoopy y la entremezcla con la historia personal de Charles M. Schulz y sus personajes en un ensayo/reflexión titulado Zona Templada: un librillo de 45 páginas reales, más el típico prólogo (de Gustavo Martín Garzo) típicamente exagerado (hasta menciona al Quijote!) y la reproducción tres de las historietas que cita. Lo edita Seix Barral, y es uno de esos libros que parece que no vale la pena comprarse (relación hojas/precio) pero que no deja de ser interesante y cuco.

La excusa/punto de partida es el estricto ambiente familiar que se vivía en su casa cuando él tenía 10 años. Uno de sus hermanos rompe con la disciplina familiar y se escapa de casa. El pequeño Jonathan (el autor) se refugia en el mundo de las tiras cómicas, especialmente en la protagonizada por Charlie Brown y sus amigos.

Sin embargo, de entre todos los niños con los que identificarse en las páginas de Peanuts, Franzen (igual que todos, igual que el propio Schulz) elige a Snoopy. Porque pese a comprender la rabia y los miedos de Charlie Brown o la inseguridad de Linus Van Pelt, se da cuenta de que Snoopy es distinto, único (es un perro, mientras el resto son niños, aunque acaba teniendo una mascota propia). Y a todo el mundo le gusta sentirse así: especial y por encima de todas esas flaquezas tan humanas.

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Tropicalia (Panis et Circensis)

Aunque sea un poco tonto, me sigue sorprendiendo la facilidad que tiene la música para aislarme de mis problemas y cambiar mi humor. Hoy, después de un día apestoso en el trabajo, bastó con ponerme los cascos camino del cercanías para volver a ver el vaso medio lleno.

Lo que escuchaba era Tropicalia (Panis et Circensis), el mítico disco colectivo que publicaron en 1968 Caetano Veloso, Gilberto Gil, el maravilloso Tom Zé, Os Mutantes, Gal Costa y Nara Leão. Con algunas canciones escritas para la ocasión y otras tomadas de trabajos anteriores (maravillosa la toma de 'Baby') formaron el puzzle perfecto de una música que ya era un puzzle: el tropicalismo. El respeto a la tradición brasileña o los músicos 'pop' más formales de su país no les impedía soñar con una mezcla de rock, clásica, fanfarrias, el chachachá, pop anglosajón y cualquier cosa que se les pasara por la cabeza.

Es posible que el exceso de registros e intérpretes le reste algo de cohesión, pero tema por tema y como muestra de amplitud (de lo más sencillo a lo más complejo), es un disco que mira de tú a tú al Sgt. Pepper's de los Beatles o al Pet sounds de los Beach Boys.

Y como está feo eso de dar envidia y es un disco bastante difícil de conseguir, he colgado los 12 temas (hasta que deje de funcionar o aparezca en mi casa Luis Cobos con una orden de encarcelamiento) para que se puedan bajar. Cada uno de los archivos es un mp3 independiente y el servicio que he utilizado (Rapidshare) no permite que más de una persona se baje un tema a la vez. Así que hay que tener un poco de paciencia.

El tracklist del disco es:
- Miserere nóbis
- Coração materno
- Panis et circensis
- Lindonéia
- Parque industrial
- Geléia geral
- Baby
- Três caravelas
- Enquanto seu lobo não vem
- Mamãe, coragem
- Bat macumba
- Hino ao Senhor do Bonfim


Por petición popular (aunque puede ser un poco suplicio), subo también un zip con el disco completo.

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