Primera visita cultural: Whitney Museum, especializado en Arte estadounidenses y localizado en Madison Av a la altura (+-) de la calle 70. Muy mono y con una magnífica colección, pero demasiado pequeño para justificar los 15 dólares de la entrada. Lo más destacado, una exposición de los primeros trabajos de Hopper, incluidos sus trabajos como ilustrador de revista. También me gustó mucho una instalación de Christian Marclay en la que hacía de VJ con imágenes de películas en las que se cantaba o tocaba un instrumento. También me encontré con la escultura más creíble y realista que he visto nunca en mi vida: una señora entradita en carnes sentada en una silla mientras lee unas cartas. A medio metro de distancia aún parecía real.
Luego la milla de oro (Madison Av y Quinta Av) con tooooodas las tiendas de los diseñadores más famosos y la famosa joyería Tiffany's, exactamente igual de como la recordaba de la película.
Tras una visita a la tienda Nintendo visitamos el Rockefeller Centre. La famosa pista de patinaje había dejado sitio (solo por verano) a una terraza. Tocaba subir a lo más alto. El Rockefeller se construyó el mismo año que el Empire State y es unos 10 o 15 pisos más bajo, lo que le convierte en el segundo más alto de la ciudad. La desventaja de su vista ante la del edificio favorito de King Kong es que no tiene una vista tan espectacular del sur de la isla. Las ventajas son una mejor vista de Central Park y que hay mucha menos cola. La vista (subimos al anochecer) es realmente espectacular, tanto como para quedarse embobado una hora. El año que viene se van a elegir en Portugal las nuevas 'Siete maravillas' del mundo. Mi voto va para las luces de Manhattan.Xx


Después de ver lo pequeñito que resulta Wall Street, compramos algo de comer en un mercado muy exquisito pero nada caro en la misma zona y subimos Broadway hasta pillar Lafayette y pasearnos por las fiestas de San Gennaro en Little Italy. Muchos puestos de comida (cara) y un pequeño escenario en el que una mezcla de Tony Bennett y Dean Martin interpreta (muy bien, la verdad) clásicos italoamericanos ante una audiencia de señoras de 50-60 años y tipos repeinados y con puro.